Las mujeres en la logística

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¿Poseemos las mujeres habilidades que destaquen y aporten a un mundo en donde se aprecia la fuerza y la razón, tal y como sucede en un medio como el de las operaciones logísticas?

apoyo_2No se trata de un escrito sobre igualdad o equidad, pese a que varios estudios digan que hoy las mujeres tenemos mayor participación en las áreas de operaciones y logística; algunos hablan hasta del 45%. Pero no, esto no es sobre género y sus derechos. Simplemente quiero escribir sobre mi experiencia y lo fascinante que es para mí, trabajar en un ambiente que fue dominado por los hombres durante muchísimo tiempo.

Escribo sobre lo complicado que es abrirse un camino, en especial porque no solo debes demostrar tus capacidades, sino vencer prejuicios. Me tocó trabajar el doble, sobre todo cuando daba mis primeros pinos logísticos, es decir hace unos 15 años, en donde además de ser mujer era una muchachita pasando los 20 años que tenía el compromiso de ser una gran profesional, integrándome a una operación en donde reinaba la experiencia, la inteligencia y la fuerza liderada por hombres empíricos que me miraban como un bicho raro o como si se me hubiera perdido algo en el escritorio.

Tal vez uno de los momentos que más ha marcado mi vida profesional fue cuando en un centro de distribución me abordó un operario, por cierto bastante grande, y me dijo: “Usted cree que una niñita bonita como usted va a poder cuadrar este inventario? ¡Esto lleva años así y no han podido! Es más, ¿Sabe cuántos hombres lo han intentado? ¡Pobrecita!, le deseo suerte, pero se acordará de mí.”

Aunque esas palabras me intimidaron bastante, supe ser fuerte; respiré muy profundo, sonreí y seguí mi camino, eso sí, con la clara convicción de que lo que había escuchado por parte de ese operario fue que era la mujer más osada, joven y hermosa que jamás él haya conocido. A partir de ese momento mi reto fue mayor. Me sentí desafiada y responsable por demostrar que lo iba a lograr y que lo de “niñita” era una ventaja que iba a aprovechar.

Tengo que confesar que al inicio fue un tanto complicado y como que la iba embarrando; intenté actuar como hombre e incluso eliminé de mi vestuario la falda y el vestido para darle espacio al pantalón y a las botas con puntera, creyendo que si me parecía a ellos sería insensible e inquebrantable y así tendría más cabida en este mundo. A los pocos meses entendí que ese no era el camino, pues si quería ganarme el respeto, la confianza y el apoyo de mis compañeros, colaboradores y superiores, tendría que ser yo misma y sobre todo aprovechar mis ventajas; debía destacar lo que soy, una mujer con todo y falda.

Esa fue mi mejor decisión. Llenarme de coraje para destacar las habilidades femeninas, incluso aquellas criticadas como la sensibilidad y vulnerabilidad. Además, me di cuenta de algo y no era que me quisiera aprovechar de eso, pero descubrí una ventaja femenina y era que tenía permitido equivocarme y volver a iniciar las veces que fuera necesario, aclarando que es un mito que las mujeres se equivocan más que los hombres (tengo estadísticas), pero si por ser mujer iban a ser más pacientes conmigo, pues era un problema menos por resolver.

Les confieso que no fue para nada fácil lograr cambiar los perfiles, es decir que les fuera indiferente buscar un hombre o una mujer para estos cargos operativos, pero lo logre. De hecho, nos tocó cambiar el nombre del indicador que mide la productividad, “Cajas/Hombre” por el de “Cajas/Persona”, y permítanme decirles que, aunque a usted le cueste creer, hoy estos indicadores de productividad en el ranking de empresas que conozco son liderados por mujeres.

No les miento cuando les digo que tuve que trabajar de más para demostrar mis capacidades, pero el haberme ganado la credibilidad de mi equipo de trabajo fue la mejor recompensa. Desde ese momento todo fue más fácil y cualquier cosa que hacía resaltaba por los resultados, por el mejoramiento de los indicadores y sí… por tener cuadrado el inventario y establecer procesos de control de inventarios que permitían sostenibilidad en el tiempo.

Me permití ser dama, haciendo entender el límite de la confianza y el valor del respeto. Aprendí a gestionar mis emociones. ¿Esto qué significa? Que puedo sentir rabia, frustración, tristeza, ternura, entusiasmo o lo que sea y puedo expresarlas en su justo momento y medida. Luego adquirí más herramientas cuando me certifiqué como coach ontológico y desde ahí ya no solo podía gestionar mis emociones, sino que también podía ayudar a gestionar las de las personas con las que me relaciono cada momento. Aprendí a tener espacios para emocionarme, pues entendí que todos necesitamos ser escuchados y potencializar nuestras habilidades, así que como la emoción es lo que nos mueve, decidí que lo más fácil era aprender a mover emociones.

Tengo la convicción, la cual es compartida por colegas que son gerentes de logística, que la mujer dentro de este campo tiene varias cualidades que superan las de los hombres:

  • La mujer es más resistente al trabajo de pie, sobre todo en labores como picking o alistamiento de pedidos.
  • La mujer es más efectiva en labores y actividades repetitivas. El hombre se distrae más, en especial cuando realiza tareas como verificación de datos, clasificación de mercancías, etiquetado, muestreo de calidad, etc. 
  • La mujer es menos susceptible a la corrupción pues piensan más antes de aceptar sobornos o propuestas de actitudes no éticas, por lo que son muy “calidosas” en las actividades de recepción y despacho, dos de las actividades en las que se requiere además de concentración en la tarea, honestidad a toda prueba.

Me gusta pensar que soy pionera en un mundo donde era extraño para muchos proveedores sentarse a negociar con una mujer fletes, equipos y servicios; llegar a los congresos y ver tantas mujeres destacando su feminidad y distinguiendo las habilidades de negociación, liderazgo y planeación, siendo reconocidas en el medio como pilares para el aporte de una región que necesita unir fuerzas para ser competitiva.

Disfruto trabajar con hombres y sentir que por decirlo así, “les aporto a descubrir su lado femenino”; me gozo el trabajar con mujeres que recuperan su valor propio y entienden que no es una competencia de género. Todos los que lideramos en estas áreas tenemos la responsabilidad de desmitificar y dejar de señalar lo que puede o no hacer una persona, al fin y al cabo, el límite está en la creencia de lo que podemos o no lograr. Para mí eso se llama empoderar y no distingue género. Es simple, un líder trabaja para que su equipo esté totalmente empoderado de su cargo y potencializando sus talentos y habilidades.

Hace poco una amiga mexicana me dijo que usaba tacones, pero lo hacía no para verse más femenina, sino para estar más alta que sus colegas y de esta manera hacerlos ver “pequeñines” y obligarlos a que miren hacia arriba. He podido observar que en Colombia se ha dado más este cambio con mayor celeridad que otros países en Latinoamérica; es bueno sentir que somos ejemplo de inclusión y que la globalidad ayuda a ver cada vez menos diferencias.

Mi mundo ideal es la combinación perfecta de mujer y logística, pues tenemos la oportunidad de resolver conflictos, tomar decisiones, gestionar, administrar y estar rodeadas de hombres. Un paraíso para desarrollar y potencializar habilidades, siempre con una sonrisa y la falda bien puesta.

Honro a las mujeres que en este medio o en cualquier otro, son maravillosas, muchas llevando responsabilidad de una familia y para mí son el mejor prototipo de la Mujer Maravilla.

5 años después de esa traumática escena en donde ese operario bastante grande me puso a prueba, recibí por correspondencia un regalo para colocar en el escritorio con una nota que decía: “Usted es la mujer más berraca que conozco. Es un ejemplo para mí y mi familia, ¡Felicitaciones! Merece haber llegado a donde está ahora y seguir creciendo”.

TEXTOS DESTACADOS

  1. Las mujeres podemos resolver conflictos, tomar decisiones, gestionar y administrar. Tenemos un paraíso por desarrollar y potencializar habilidades, siempre con una sonrisa y la falda bien puesta.
  2. Un líder trabaja para que su equipo esté totalmente empoderado de su cargo y potencializando sus talentos y habilidades.
  3. Hay que permitirse ser dama, haciendo entender el límite de la confianza y el valor del respeto. Aprender a gestionar las emociones.

Por: María Angela Soto Ospina

Consultora en Felicidad

[email protected]

 

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