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Recuperación económica, en manos de la capacidad de adaptarse a la “nueva normalidad”

Si bien el último informe del FMI prevé una importante caída en la economía mundial, también
apunta a soluciones que podrían ayudar a la supervivencia de empresas y gobiernos.

El debilitamiento de la demanda externa, la incertidumbre que generan los rebrotes del Covid-19 y
las medidas adoptadas, sobre la marcha, por los Gobiernos para contener la enfermedad está
afectando la economía mundial sobre manera, llegando a caídas que tocan tanto a economías
avanzadas como la norteamericana y la japonesa, como a economías emergentes como la
latinoamericana.
Así lo demuestra el último informe entregado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) donde,
por primera vez durante el año, se proyecta un crecimiento negativo en todas las regiones del
mundo. El América Latina y el Caribe, por ejemplo, el crecimiento se estima en un 9,4%, 4,2 puntos
más de los que se pronosticaban en abril de este mismo año.
Pero si bien el crecimiento no tiene un panorama tan positivo a simple vista, la misma entidad
alude a diferentes claves que podrían ayudar a que ese porcentaje no sea tan alto. La primera de
ellas es que “todos los países, incluidos los que parecen haber dejado atrás los picos de infección,
deberían asegurarse de que los sistemas sanitarios cuenten con recursos adecuados”.
El mismo documento explica que “en los casos que requieren confinamientos, la política
económica debería continuar amortiguando las pérdidas de ingreso de los hogares a través de
medidas sustanciales y bien focalizadas, además de brindar apoyo a las empresas que sufren las
consecuencias de restricciones obligatorias a la actividad. En los casos en que las economías están
reabriendo, el respaldo focalizado debería desmontarse paulatinamente a medida que la
recuperación se ponga en marcha, y las políticas deberían infundir estímulo para promover la
demanda y facilitar e incentivar la reasignación de recursos, alejándolos de los sectores que
probablemente terminen siendo persistentemente más pequeños después de la pandemia”.
Aun así, quizá la clave más importante que expone el FMI radica en la adopción de medidas que
garanticen la reactivación de las actividades económicas aún cuando el virus siga activo. Así, se
recomienda adoptar cambios correspondientes a la seguridad en los lugares de trabajo, esto a
través de horarios escalonados, estrictos protocolos de bioseguridad y limpieza, límites de
proximidad entre empleados tanto en las líneas de producción como en otras áreas de las
compañías, teletrabajo y, sobre todo, una reconcepción “de las cadenas internacionales de
suministro que afectan a la productividad, a medida que las empresas intenten ser más resilientes
a los trastornos del suministro”.
Con todo esto, aunque el panorama parece pesimista, en el fondo existen alternativas para
competir contra ese decrecimiento mundial que obliga a gobiernos, empresas y cadenas logísticas
a adaptarse a una “nueva normalidad” que podría durar aún mucho tiempo más.

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