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La logística inversa en la moda. Pasarelas sustentables. Parte II

Por: Katherine Carrillo Herrera

Ingeniera Industrial y analista de cadenas de suministros

kcarrilloh@libertadores.edu.co

Medellín, Colombia

Un grupo de investigadores (Muthu et al, 2012)[1] desarrolló un modelo científico único para evaluar el Índice de Impacto Ambiental (IIA) y el Índice de Sustentabilidad Ecológica (ISE), en diez de las más importantes fibras textiles empleadas en la cadena de suministro de la industria textil y de la moda.

Estos dos índices se derivaron de un sistema de puntuación desarrollado a partir de factores, tales como: la cantidad de oxígeno producido / dióxido de carbono absorbido durante la fase de producción de una fibra, utilización de recursos renovables, uso de la tierra, uso de fertilizantes, uso de pesticidas, reciclabilidad y bio-degradabilidad de las fibras elegidas.

El sistema de puntuación también incluía ciertas categorías de impacto del ciclo de vida, derivados de la cantidad de energía utilizada, cantidad de agua utilizada y cantidad de gases de invernadero emitido. De los resultados del modelo desarrollado por Muthu et al, el algodón orgánico parece tener el menor impacto ambiental y es la fibra más sustentable con un IIA de 11 y un ISE de 71, seguido del Lino con un IIA de 12 y un ISE de 68; algodón convencional, no orgánico, con un IIA de 16 y un IIA de 19; Rayón con un IIA de 57 y un ISE de 49 respectivamente; poliéster con una IIA de 29,5 y un ISE de 21 y así sucesivamente.

El algodón orgánico es un recurso renovable, se cultiva sin herbicidas o pesticidas artificiales, es una fibra biodegradable, que mitiga el cambio climático mediante la eliminación intensiva de fertilizantes, reduce la contaminación y el consumo de agua, preservando la calidad del suelo y reduciendo los requerimientos de energía en el proceso de fabricación y emitiendo menos CO2, generando menor daño a la salud humana, a la calidad de los ecosistemas y los recursos naturales.

El algodón convencional, no orgánico, es la fibra más utilizada en la producción de prendas de vestir, señalado por muchos estudios como ambiental y socialmente peligroso, ya que requiere un mayor uso de pesticidas y fertilizantes, pues el 2,5% de la tierra cultivada en el mundo se utiliza para la producción de algodón y el 16% de insecticidas del mundo se utilizan en este cultivo. De acuerdo con una investigación realizada (Laursen et al. 2007)[2] una libra de algodón crudo en los Estados Unidos consume 1/3 libras de fertilizantes sintéticos, y se necesita alrededor de una libra, en promedio, de algodón para hacer una camiseta. La producción de fibra de poliéster en la industria textil y de la moda es un proceso que consume mucha energía (tan alto como 125 MJ de energía para fabricar 1 kg de poliéster), y produce altos niveles de emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, el poliéster tiene una ventaja sobre las fibras naturales en términos de consumo de agua.

Los residuos sólidos son las principales preocupaciones ambientales en la cadena de suministro de la industria textil y de la moda. Un estudio (Steinberger et al, 2009)[3] mostró que la confección de una camiseta, con peso de 0,25 kg, requiere 2,56 MJ de energía y produce 0,16 kg de CO2, 0,46 gramos de material particulado y emite al medio ambiente 0,96 gramos de NOX [óxido nítrico (NO) y dióxido de nitrógeno (NO2)] y 0,99 gramos de dióxido de azufre SO2.

En promedio, casi 1 kg de productos químicos se utilizan por kg de textil terminado. La carga ambiental más alta surge de sales, seguidas por detergentes y ácidos orgánicos. La cantidad de efluente producido por una fábrica textil depende de varios factores, incluyendo el tipo de fibra y del material de terminado de tela. Se requieren 0,35 kg de productos químicos para teñir un kilo de tejido.

En la cadena de suministro de la industria textil y de la moda, la distribución de los productos desde la fábrica al cliente a través del proceso de la venta al por menor, presenta impactos ambientales que surgen de los modos de transporte empelados para tal fin, y en efecto, de la distancia a recorrer. Por esto, se deben hacer esfuerzos para minimizar estos impactos al reducir o evitar el transporte de larga distancia, particularmente el transporte aéreo, que contribuye alrededor del 90% del total del impacto ambiental derivado de la fase de distribución (Choi, 2014)[4].

En cuanto al uso y eliminación de los productos de la industria textil y de la moda o etapa final del ciclo de vida del producto, etapa controlada en gran medida por los consumidores, cuyas actitudes juegan un papel importante en la decisión de los impactos ambientales, y es la fase de uso que hace la mayor contribución al impacto total ambiental durante la vida útil de un material, aumentará a medida que el lapso de vida del producto crece.

Productos destinados a tener una vida útil más larga, tales como los Jeans, tendrán un mayor impacto en la fase de uso en comparación con el impacto general.  Sin embargo, algunos productos con vidas más largas, tales como las chaquetas, tienen menos impacto, ya que requieren de lavado y secado con menor frecuencia. Estudios realizados a la fecha (Strähle, 2017)[5], han enfatizado la importancia de reducir el impacto ambiental en esta fase. Independientemente del tipo de textil, esta fase generalmente es responsable hasta el 80% de la huella de carbono de la industria textil y de la moda.

Después de la fase de uso, el producto alcanza el fin de su vida y puede ser dirigido a una de las siguientes opciones:

  1. Reutilización para propósitos primarios y/o secundarios.
  2. Reciclaje
  3. Incineración con o sin recuperación de energía.
  4. Eliminación en el vertedero[6].

Al igual que en la fase de uso, la etapa de eliminación se decide, únicamente, por el comportamiento del consumidor. Cada opción enumerada anteriormente tiene su propio impacto o beneficio ambiental. La primera opción es completamente beneficiosa, particularmente si el producto es reutilizado por el usuario original. Si el producto es reutilizado por otro, los impactos derivados del transporte, la recolección, clasificación y reventa, deben incluirse en el cálculo de la red beneficio ambiental.

La segunda opción es reciclar para crear un nuevo producto con el mismo propósito o para aplicaciones secundarias. Reciclar implica descomponer los residuos completamente y usarlo para hacer un nuevo producto por medio mecánico, químico o térmico. El proceso de reciclaje requiere la entrada de energía y materiales adicionales y emite diversos contaminantes al aire, agua y suelo. Es, por tanto, menos beneficioso para el medio ambiente que la reutilización.

La tercera opción es la incineración que convierte los desechos en calor, ceniza y humo. Esta se puede realizar con o sin recuperación de energía, aunque este último es preferible en términos de conservación del medio ambiente. La incineración generalmente no es una opción preferida debido a las emisiones y cenizas producidas. La opción final y menos preferida es la eliminación en el vertedero. Históricamente, este ha sido el método más común de eliminación de residuos, siempre y cuando hubiese tierra -espacio- para la eliminación de residuos, control del lixiviado y de gases efecto invernadero.

Reflexión

Existen evidencias, a nivel global, que la industria textil y de la moda es responsable, en gran medida, de la contaminación del medio ambiente por el excesivo uso y eliminación intensa de fertilizantes y biocidas (plata, triclosán y triclocarbono), después del tratamiento de lavado por la generación de un gran volumen de residuos en todo el proceso de fabricación, por la emisión de gases efecto de invernadero, y por el alto uso de energía no renovable en sus procesos de producción y distribución, así como por el excesivo uso y el desperdicio de agua en la cadena de suministro.

La industria textil y de la moda ha de reconocer el potencial de la sustentabilidad, equilibrio entre la sustentabilidad ambiental, financiera y social, en aras de una producción indefinida, como una ventaja competitiva e implementarlo en sus políticas a través de cambios en sus procesos, y en el ciclo de vida de sus productos, un ciclo de vida más largo.

Para tal, requerirá de innovación en las actuales prácticas de producción, con implicaciones asociadas a costos y tiempo, teniendo como resultado: Pasarelas sustentables”, con productos más sostenibles, requiriendo de menos agua, energía y uso de materiales durante sus procesos de producción, promoviendo la diversificación en fibras textiles biodegradables, y alejarse de la dependencia global de materias primas que utilizan prácticas agrícolas insustentables y que resultan en el agotamiento de los recursos naturales no renovables del planeta.

La pregunta es, ¿En qué medida la industria textil y de la moda está dispuesta y si tiene la capacidad de implementar estas estrategias sustentables?

Referencias

Bartlett, C., McGill, I. and Willis, P. (2013), Textiles flow and market Textiles flow and market development opportunities in the UK, WRAP, UK.

Choi T-M (2014) Fashion retail supply chain management: a systems optimization approach, 1st edn. CRC Press/Balkema, Boca Raton

DeLong, Marilyn., Barbara Heinemann & Kathryn Reiley. (2015). Redefining, Redesigning Fashion: Designs for Sustainability. The Journal of Design, Creative Process & the Fashion Industry Volume 6, 2014 – Issue 1. Pages 125-130

Greenpeace (2015). Wegwerfware Kleidung. Repräsentative Greenpeace-Umfrage zu Kaufverhalten, Tragedauer und der Entsorgung von Mode, Hamburg.

Kumar, P. S., & Suganya, S. (2017), Introduction to sustainable fibres and textiles. In Sustainable fibres and textiles (pp. 1–18).

Laursen , S. E. , Hansen , J. , Knudsen , H. H. , Wenzel , H. , Larsen , H. F. and Kristensen , F. M. (2007), EDIPTEX: Environmental assessment of textiles. Danish Environmental Protection Agency, working report 24.

Muthu, S. S., Li, Y., Hu, J. Y. and Mok, P. Y. (2012). Quantification of environmental impact and ecological sustainability for textile fibres, Ecological Indicators, 13(1): 66– 74.

Stanszus, L. and Iran, S. (2015). Sustainable Fashion, Idowu, S.O., Capaldi, N., Fifka, M., Zu, L. and Schmidpeter, R., Dictionary of Corporate Social Responsibility, Springer

Steinberger, J. K., Damien Friot, Olivier Jolliet and Suren Erkman (2009). Aspatially explicit life cycle inventory of the global textile chain. International Journal of Life Cycle Assessment, 14 (5): 443–455.

Strähle, J. (2017) Green Fashion Retail. Springer Science+Business Media Singapore. ISSN 2366-8776 ISSN 2366-8784 (electronic) Springer Series in Fashion Business

US EPA. (2015), Municipal Solid Waste Generation, Recycling, and Disposal in the United States: Facts and Figures for 2013, Washington, DC.

[1] Muthu, S. S., Li, Y., Hu, J. Y. and Mok, P. Y. (2012). Quantification of environmental impact and ecological sustainability for textile fibres.

[2] Laursen , S. E. , Hansen , J. , Knudsen , H. H. , Wenzel , H. , Larsen , H. F. and Kristensen , F. M. (2007), EDIPTEX: Environmental assessment of textiles.

[3] Steinberger, J. K., Damien Friot, Olivier Jolliet and Suren Erkman (2009). Aspatially explicit life cycle inventory of the global textile chain.

[4] Choi T-M (2014) Fashion retail supply chain management: a systems optimization approach.

[5] Strähle, J. (2017) Green Fashion Retail.

[6] DeLong, Marilyn; Barbara Heinemann & Kathryn Reiley. (2015). Redefining, Redesigning Fashion

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